LA METÁFORA...
Es una de las construcciones gramaticales que me gusta incorporar, como hilo conductor en mis libros de artista.
Es una palabra de origen griego que significa traslado…metá (a otro lado) y férein (llevar).
En agosto compartí parte de este post, y me quedaron algunas reflexiones interesantes por desarrollar.
Así que aquí están.
Por lo tanto en el lenguaje significa una palabra que se traslada a otra. Sin embargo en el campo semántico, las palabras tienen diversas definiciones más allá de lo que nos dice el diccionario.
Por lo que una metáfora se puede ver como una mudanza.
El arte es un lenguaje visual, es un medio de expresión que transmite las emociones más primarias.
No vemos sólo con los ojos, sino a través de nuestros instintos, y también de nuestros sentidos, inquietudes, recuerdos, el momento que vivimos, o el ambiente que nos rodea.
Toda la cotidianidad, lo que haces, piensas, todo eso forma parte de tu trabajo y proceso artístico, aunque no hagas nada ni lo veas.
A mi particularmente me gusta la filosofía pues me hace pensar y me motiva a crear a través de la reflexión y el pensamiento.
La filosofía la podemos ver como un puente entre lo abstracto y la forma compleja a veces de la que usan los pensadores para abordar su pensamiento y que muchas veces no es fácil de entender.
Las personas se empeñan en explicar sus obras artísticas, lo cual desde mi mirada no debería ser, se debe dar libertad total al espectador que interponga su mirada.
Justamente son los filósofos quienes usan las metáforas como un medio de compartir sus ideas o reflexiones. Quizá es la forma como visualizamos un pensamiento a través de la imagen.
Vuelvo a insistir en esto pues a veces cuesta relacionar una imagen con la palabra.
El río de Heráclito de Éfeso es la primera metáfora de la filosofía occidental. Su lenguaje, su forma de hablar era extraño, nuevo. El lema que resume su filosofía es “Panta rei” “Todo fluye”.
“En el mismo río no nos bañamos dos veces”
El concepto de un mundo en constante movimiento y cambio, adquiere con la metáfora del río un sentido de que el mundo cambia, el río fluye.
El agua del río se esparce y se recoge, se reúne y se separa, se acerca y se aleja. En los mismos ríos nos bañamos y no nos bañamos, tanto somos como no somos.
El filósofo Aristóteles decía que Heráclito era muy difícil de entender, porque sus frases no utilizaban categoría lógicas, decían las mismas cosas desde posiciones diferentes que parecían adivinanzas, normas de comportamiento o como principios físicos de las cosas.
En la antigüedad se le señaló como El Oscuro.
Su principio o idea fundamental era la de la transformación constante en el tiempo de nuestra vida pues nunca seremos los mismos cuando descendemos en el mismo río.
Las metáforas nos sirven para ejemplificar aquello que queremos expresar, de una manera más fácil.
Vivimos en una cultura que nos impone un pensamiento lógico y racional. Por eso, cuando tenemos una dificultad o problema intentamos hacerle frente de la manera más racional posible. A pesar de que las emociones y los procesos inconscientes también afectan nuestras decisiones, intentamos o nos creemos que lo afrontamos todo de manera racional y lógica.
El lenguaje metafórico tiende a sintetizar y combinar, une diferentes niveles de pensamiento y toca los sentimientos. Este lenguaje es determinante cuando queremos comprender relaciones, alianzas, distancias emotivas, resistencias al cambio… Por lo tanto se genera una comprensión circular y sistémica.
Las metáforas, igual que los relatos, se han usado durante muchos siglos para transmitir valores, conocimientos y tradiciones dentro de cada cultura.
La metáfora nos ofrece la combinación de dos aspectos: uno, nos aporta una forma de comunicación simbólica y, dos, tiene una intención reparadora o terapéutica.
La metáfora es otra manera de comunicar que podemos utilizar para aplicar una descripción, una frase o una historia a un objeto o situación que guarda cierto parecido imaginario, pero no literal.
De hecho es esta asociación imaginaria o simbólica lo que le da a la metáfora la fuerza reparadora o terapéutica.
Aquello que es difícil de explicar con argumentos lógicos y teóricos puede ser explicado y comprendido mediante metáforas.
Cuando abrimos nuestra mente a una metáfora, se pone en acción el hemisferio derecho de nuestro cerebro. Este es creativo, intuitivo y global. Muy diferente del hemisferio izquierdo que es lógico, racional y el que utilizamos casi siempre.
Las metáforas nos ayudan a encontrar salidas que antes no veíamos. La posibilidad de observar la situación desde diferentes ángulos contribuye a desbloquearnos. Así pueden emerger nuevas respuestas y visualizamos nuevos horizontes, a la vez que facilita la resiliencia.
Las metáforas siembran y sugieren, en lugar de definir e imponer. Su impacto es más profundo y por eso son una buena herramienta para ayudarnos a transformar.
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Escribo pues no sé empezar mis días, sin una palabra, sin una reflexión o pensamiento. Sin una razón por la cual me interesa hacer algo.
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